Todo lo que podemos hacer y todavía debemos elegir
EDICIÓN INSTITUCIONAL · 20 DE SEPTIEMBRE DE 2026
Esta semana no habla solamente de máquinas que hacen más. Habla de personas que empiezan a trabajar de otra manera, de sistemas que se equivocan mientras parecen actuar por su cuenta y de empresas que ya discuten quién debe poner los límites.
Por Andrés Macario · 12 minutos de lectura
Hay momentos en los que una mesa de trabajo parece más grande de lo que es. No porque haya aumentado su superficie, sino porque sobre ella caben de pronto demasiadas cosas.
Una investigación que puede continuar mientras atendemos una reunión. Un documento que se completa cuando ya no estamos delante. Varias opciones que llegan desarrolladas antes de que hayamos terminado de formular la pregunta. La sensación inicial se parece mucho a la libertad. Aquello que antes quedaba fuera por falta de tiempo ahora puede ponerse en marcha.
Después aparece otra sensación menos evidente.
Cada posibilidad reclama una decisión. Cada proceso abierto necesita que alguien lo supervise. Cada respuesta exige una mirada capaz de distinguir entre lo convincente y lo verdadero. La tecnología reduce una parte del esfuerzo, pero al mismo tiempo ensancha el territorio sobre el que debemos elegir.
Durante años hemos pensado la digitalización como una sucesión de tareas que podían hacerse mejor, más rápido o con menos recursos. Tal vez esa descripción se esté quedando pequeña. Las nuevas herramientas no sólo cambian la manera de ejecutar. Cambian la cantidad de cosas que podemos iniciar y la facilidad con la que una intención se convierte en trabajo para nosotros y para los demás.
Cuando el coste de comenzar se aproxima a cero, el criterio se convierte en la infraestructura que impide que la capacidad termine ocupándolo todo.
Esta edición comienza ahí. No en lo que la inteligencia artificial ya puede hacer, sino en lo que nosotros debemos aprender a no activar automáticamente sólo porque ha dejado de parecernos difícil.
LO QUE ESTA SEMANA HE IDO ESCRIBIENDO
Un mismo recorrido, cuatro lugares desde los que mirar
Esta edición no nace solamente de las noticias de los últimos días. Nace también de un recorrido que he ido construyendo, publicación a publicación, alrededor de una misma inquietud. Qué parte de nuestra vida y de nuestro trabajo queremos conservar como un espacio verdaderamente humano cuando la tecnología ya puede acompañarnos casi en todo.
01
Human Reserved
Bill Gates utilizó la imagen de una reserva natural para proponer que algunas actividades permanezcan reservadas a las personas incluso cuando una máquina pueda realizarlas. Ya no se trata de proteger únicamente aquello que la tecnología todavía no sabe hacer, sino de decidir qué no queremos delegar aunque llegue a hacerlo bien.
Hay conversaciones que empiezan con una hora prevista y terminan cuando ya no queda nada importante por decir. Organizar una conversación puede hacerla posible. Convertirla en una tarea puede impedir que suceda de verdad. Ése es el tiempo que quiero reservar para la conversación con Rafa.
La conversación con Tristán Elósegui siguió creciendo fuera de la newsletter. Volví sobre la experiencia, el conocimiento que no siempre sabemos explicar y el criterio que distingue una respuesta correcta de una decisión adecuada.
La experiencia nos ayuda a reconocer patrones, pero también puede hacernos creer demasiado pronto que ya conocemos la respuesta. Quizá su verdadero valor esté en aprender a desconfiar de las respuestas cuando llegan demasiado pronto.
Estas cuatro piezas no son un resumen de actividad. Son el camino que desemboca en la pregunta de esta edición. Si la tecnología amplía lo que podemos hacer, el criterio aparece en lo que decidimos preservar, en el tiempo que todavía ofrecemos a una conversación y en nuestra capacidad para no confundir una respuesta rápida con una comprensión verdadera.
TRES SEÑALES DE ESTA SEMANA
El trabajo, el error y el límite
Tres noticias publicadas durante los últimos días dibujan un mismo movimiento. La inteligencia artificial amplía el trabajo, adquiere más capacidad para actuar y obliga a discutir quién responde cuando esa actuación atraviesa un límite.
IMAGEN Y FUENTE · OPENAI
01 · EL TRABAJO QUE SE ENSANCHA
Entrar en territorios que antes no eran los nuestros
OpenAI publicó el 16 de septiembre una investigación sobre cómo los trabajadores utilizan la inteligencia artificial. Muchas personas no la emplean solamente para ahorrar tiempo, sino para abordar tareas que antes quedaban fuera de su ocupación habitual.
La frontera del puesto de trabajo empieza a moverse. Esto abre posibilidades valiosas, pero introduce una pregunta que no cabe en una estadística de productividad. Cuando podemos entrar en más territorios, ¿cómo sabemos en cuáles poseemos criterio suficiente para interpretar lo que encontramos?
No estamos sólo haciendo más deprisa lo que ya sabíamos hacer. Estamos empezando a hacer cosas que antes sabíamos que no sabíamos hacer.
Cuando un sistema no se limita a responder y empieza a actuar
Esta semana OpenAI comunicó seis comportamientos inesperados o preocupantes detectados durante sus pruebas de seguridad. Entre ellos aparecen modelos que ocultaron errores, buscaron credenciales sin autorización, publicaron archivos en internet o se comunicaron entre entornos que debían permanecer aislados.
Cuando un sistema dispone de herramientas, acceso y capacidad para mantener una tarea en el tiempo, el error deja de estar contenido en una frase. Puede transformarse en una acción.
La autonomía multiplica la utilidad. También multiplica la superficie sobre la que debemos responder.
Anthropic, OpenAI y Google han mantenido conversaciones para coordinar medidas de seguridad. Meta ha rechazado esa aproximación y defiende que cada empresa debe responsabilizarse de sus propios modelos.
Si una compañía decide avanzar más despacio mientras sus competidores continúan, la prudencia puede traducirse en una pérdida de posición. El límite sólo resulta estable cuando existe una regla compartida, una verificación creíble o una confianza suficiente para creer que el coste no recaerá únicamente sobre quien decida respetarlo.
Una norma describe lo que debería suceder. La cultura revela lo que estamos dispuestos a sostener cuando cumplirla deja de resultar cómodo.
El artículo de este sábado nació antes de conocer algunas de estas noticias, pero pertenece a la misma conversación. Sobre una hoja había seis asuntos que podían convertirse en trabajo y una última línea sin completar. Los seis eran razonables. Todos podían ponerse en marcha.
La dificultad no estaba en ejecutarlos. Estaba en decidir si debían comenzar.
Cada iniciativa ocupa algo más que el tiempo necesario para realizarla. Modifica prioridades, reclama atención y entra en la vida de personas que quizá no estaban presentes cuando alguien decidió activarla. La tecnología puede reducir el esfuerzo de una tarea, pero no elimina aquello que desplaza.
Tal vez la línea vacía sea el lugar en el que todavía conservamos la posibilidad de decidir que algo, aunque ya pueda hacerse, no tiene por qué comenzar.
Rafa Villagrá y la confianza que no puede asegurarse
Rafa Villagrá Herrero · Ingeniero, antropólogo y próximo invitado de Digitalización invisible
La próxima edición de Digitalización invisible estará construida alrededor de una conversación con Rafa Villagrá Herrero.
Rafa es ingeniero y antropólogo. Esa doble formación no es una suma de títulos, sino una manera particular de mirar. La ingeniería le permite observar las estructuras y los sistemas que una organización diseña para funcionar. La antropología le lleva hacia los comportamientos, los símbolos, las relaciones y todo lo que realmente sucede dentro de esas estructuras aunque no aparezca en el organigrama.
Su trabajo se ha concentrado en las culturas corporativas, la resiliencia organizacional y la dinámica de los grupos que deben responder en entornos complejos. En su investigación ocupa un lugar central la confianza densa, ese tejido de relaciones que permite actuar cuando el procedimiento ya no contiene una respuesta.
Rafa cuestiona la creencia de que aumentar las métricas, los controles y la fiscalización produce necesariamente organizaciones más seguras. En ocasiones sucede lo contrario. El exceso de control desplaza la responsabilidad, empobrece la conversación y destruye precisamente la confianza que necesitamos cuando aparece algo que no habíamos previsto.
También ha escrito sobre el presentismo, la saturación digital, el valor del silencio y la pérdida de nuestra capacidad para mantener una conversación pausada. No contempla la tecnología como una solución separada de la cultura. La observa como una fuerza que modifica conductas, redistribuye poder y altera aquello que una organización permite decir.
Por eso quiero conversar con él ahora.
En una semana marcada por sistemas que actúan, empresas que discuten cómo limitarse y trabajadores que entran en tareas que antes no les pertenecían, la confianza deja de ser una palabra amable. Se convierte en una cuestión práctica. ¿Qué puede delegarse? ¿Qué debe verificarse? ¿En qué momento el control protege y en cuál empieza a impedir que las personas respondan? ¿Cómo se dice una verdad incómoda dentro de una cultura que sólo recompensa las buenas noticias?
Le envié a Rafa un mapa de los lugares por los que me gustaría caminar. Me respondió que eran como los caminos de un bosque, hechos para recorrerlos sin prisa. Después añadió una idea que ha permanecido conmigo desde entonces. La confianza solamente puede existir cuando no está asegurada, cuando no dispone de una garantía que elimine el riesgo de confiar.
No será una entrevista rígida. Será una conversación sin reloj, abierta a detenerse y desviarse cuando una idea lo merezca. Hablaremos de confianza y control, de la empresa oficial y la empresa real, de lo que se puede decir y de aquello que todos conocen pero nadie consigue nombrar.
La confianza densa como pilar de la resiliencia organizacional
Antes de sentarnos a conversar, merece la pena entrar en una de las ideas centrales del trabajo de Rafa. Su reflexión parte de una paradoja. Nunca habíamos dispuesto de tantos mecanismos de control, métricas y contratos y, sin embargo, muchas organizaciones siguen siendo frágiles cuando aparece lo imprevisto.
La confianza que permite responder no nace de eliminar todo riesgo, sino de construir relaciones capaces de sostenerlo.
Este texto no anticipa la entrevista. Nos ofrece el lugar desde el que comenzará una parte de ella.
La tecnología seguirá ampliando el número de caminos que podemos recorrer. Nuestra responsabilidad no consiste en cerrarlos todos ni en avanzar por ellos sin mirar. Consiste en aprender a distinguir cuáles merecen convertirse en nuestro camino.
La próxima semana caminaremos con Rafa Villagrá por el territorio que existe entre las normas y las relaciones, entre la empresa que se dibuja y la que realmente habitamos, entre el control que ofrece garantías y la confianza que comienza precisamente cuando ya no existen.
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