El silencio, una forma de tener control

Alguien, amigo en estos días, me dijo una frase que me dejó pensativo: “El silencio acompañado de presencia es una forma de tener el control”.

Desde entonces, la frase me da vueltas en la cabeza. Me recordó que el tiempo y el silencio no pertenecen al mismo reino. El tiempo es absoluto, la única materia que no admite réplica. No se compra, no se detiene, no se fabrica. Es el factor esencial de la vida porque todo lo que empieza, acaba. No hay excepción ni promesa que lo esquive.

Pero el silencio… el silencio pertenece a los hombres. Es nuestra forma de habitar el tiempo, de moldearlo con intención. Hay silencios que son refugio, silencios que son arma, silencios que son frontera. Algunos los usan para escuchar; otros, para dirigir.

Porque el silencio, cuando se acompaña de presencia, deja de ser ausencia. Se convierte en energía contenida, en mirada que pesa, en gesto que ordena sin necesidad de palabra. El que calla pero está, domina. El que sabe estar en silencio sin desaparecer, gobierna los ritmos ajenos con solo existir.

A veces el poder no se ejerce hablando, sino permitiendo que los demás crean que actúan por voluntad propia. El silencio, bien usado, crea espejos, hace que cada uno vea en él lo que quiere ver, y en ese reflejo se revelan las verdaderas intenciones.

El tiempo, implacable, nos lleva a todos hacia un final. Pero los silencios deciden cómo llegamos hasta allí, quién mantiene la calma, quién se precipita, quién escucha, quién se delata. El tiempo marca el destino, sí, pero el silencio revela el carácter.

Hay quienes llenan su vida de palabras y se agotan antes de llegar. Otros aprenden a administrar sus silencios como quien administra su fortuna. No hablan más, pero dicen mejor. No responden antes, pero actúan a tiempo.

Quizá esa sea la madurez, entender que el tiempo nos limita, pero los silencios nos definen. Que hablar es gastar segundos, y callar, a veces, es multiplicarlos.

Y entonces recuerdo de nuevo aquella frase, tan simple y tan cierta: “El silencio acompañado de presencia es una forma de tener el control.”

Y pienso que, al final, el poder no está en quien más habla, sino en quien sabe estar, y mantenerse mientras el tiempo hace su trabajo.

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