La hitipía, una geografía de lo imposible
La hitipía no existe en los mapas, pero todos los filósofos la han recorrido alguna vez en silencio. Es un territorio mental, una geografía de lo imposible donde se posa un pájaro mítico que nunca se deja atrapar. Ese ave, luminosa y huidiza, simboliza lo que nos mantiene en movimiento, el deseo de alcanzar más allá de lo dado.
La utopía, cerrada y distante, nos habla de lo inalcanzable. La hitipía, en cambio, es más íntima, es la certeza de que lo inalcanzable tiene la fuerza de lo real, aunque no podamos poseerlo. No es un “lugar que no existe”, sino un espacio que nos impulsa, una promesa que sostiene el vuelo humano.
La filosofía la ha presentido bajo muchos nombres, el Simurgh de los persas, el ave Fénix de los griegos, el pájaro del paraíso en la poesía mística. Siempre el mismo arquetipo, un ser alado que encarna la tensión entre lo imposible y lo necesario.
Porque lo humano no consiste en conformarse, sino en perseguir esa ave invisible. Y aunque nunca logremos sujetarla entre nuestras manos, cada intento de vuelo transforma nuestra realidad. Quizá ese sea el secreto de la hitipía; no se trata de alcanzarla, sino de dejarnos arrastrar por su vuelo.
Por eso esta reflexión quiere ser una menos pero no una más, una menos que desaparezca, y una más que permanezca en la memoria de quien la lee; una menos que se pierda, y una más que ayude a seguir el vuelo de ese pájaro mítico que nos recuerda que lo imposible puede hacerse real