No estar enfrente no significa haberse ido
No estar enfrente no significa haberse ido.
Hay quien se queda en los márgenes,
siguiendo el ritmo sin hacer ruido,
como quien tararea una canción que ya nadie recuerda,
pero aún sabe que le pertenece.
He dado más de lo que tenía en los bolsillos,
más de lo que el alma me prestaba,
y aun así me he ido con las manos vacías
y los ojos llenos de lo que no volvió.
No busco respuestas ni finales cerrados,
solo un lugar donde no me duela quedarme.
Un sitio donde el cansancio no tenga que explicarse,
donde las despedidas no se repitan como eco sin consuelo.
Hace tiempo que quiero vivir en otro barrio,
uno donde se salude sin miedo,
donde las carcajadas no molesten
y las promesas no se pidan por contrato.
Sigo caminando. No por nostalgia,
sino porque detenerse también duele.
Y aunque no sepa aún a dónde voy,
sé muy bien de dónde no quiero volver.