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Amnistía a la inversa

La imagen de España se está yendo al garete. Y no sólo por la situación monetaria, sino por los constantes ataques a la Constitución por parte del PSOE, que pretende aprobar una ley de amnistía para poder gobernar sin tener en cuenta las consecuencias que tendría para nuestra sociedad y para desavenencias futuras, además de para el sistema judicial de España.

Para empezar, Sánchez y compañía quieren eliminar la existencia de un delito ya cometido a través de la famosa amnistía, por la que están removiendo cielo y tierra, además de hacer visitas sorpresivas a expresidentes fugados dando la espalda y faltando al respeto a los españoles.

No obstante, lo que persigue el PSOE es imponer arbitrariedad a la Constitución Española. Como se viene repitiendo sin descanso estos últimos días, la amnistía es utilizada -normalmente- para transicionar de regímenes no democráticos o autoritarios hacia Estados de Bienestar.

Con todo ello, los socialistas, o bien no se enteran de qué va la cosa, o son unos ineptos de manual porque si aun conociendo los usos y aplicaciones que tiene la amnistía desean introducirla en nuestra Carta Magna, automáticamente se supone que ellos mismos están deslegitimando su propio mandato y al que aspiran a través de la misma. Sería como reconocer que el gobierno del PSOE hasta ahora fue pura autocracia.

Qué curioso, ¿verdad? Si la amnistía se usa para pasar del autoritarismo a la democracia, ¿por qué los socialistas se empeñan en hacer lo mismo, pero a la inversa? ¿Será que están reconociendo subconscientemente la poca democracia que nos quedaría en España si la Ley de Amnistía llega a la Constitución?

Hasta aquí una parte, pero es que todavía hay más. Y es que Nicolás Redondo, antiguo dirigente socialista, ha sido expulsado de su propio partido, el PSOE, por dar una opinión que rema en contra de los intereses actuales del Partido de Pedro Sánchez. Pero es que, además de acallar -el PSOE- aquellas voces internas que ellos consideran que les pueden entorpecer la investidura, lo que ocurre es que no respetan la historia del partido del que se sirven para trepar hacia otra legislatura.

Sin ir más lejos, Aznar se ha visto envuelto en polémica estos días por sus declaraciones sobre la ley de amnistía y fue acusado de promover un golpe de estado sólo por dar su sensata opinión sobre los pactos de la discordia. Aznar sólo ha pedido unión y sensatez ante la falta de las mismas de un partido contaminado de estupideces. Lo único que está intentado hacer es proteger los intereses de España y de sus ciudadanos, dentro y fuera de nuestras fronteras; y si para ello es necesario pedir la movilización cívica y de las instituciones, es para salvaguardar la política de España y no para rebelarse, como resuena desde la izquierda.

Y ya por último, el meollo más gordo: la separación de poderes. Aquí se encuentra el quid de la cuestión, pues no es para menos. Si el PSOE desea seguir adelante con la ley de amnistía es que no le importa tener en sus filas o comiendo de su mano a aquellas personas que han cometido un delito tipificado y por el que han sido condenadas. De seguir en busca de esa amnistía se estaría legitimando que, efectivamente, el Estado tiene más poder que el Tribunal Supremo. Es decir, que el Estado democrático que hasta ahora conocíamos dejaría de existir tras convertirse en uno autocrático si un partido político, como el Partido Socialista, da por hecho que tiene más poder que la Justicia. Adiós, equilibrio de poderes; hola, golpe de estado. Adiós, democracia; hola, autocracia. ¿A qué altura queda España?

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