La búsqueda del vínculo entre el mundo tradicional y el digital

Desde hace años el mundo que nos rodea ha cambiado y, parece ser que lo hará para siempre. No hay vuelta atrás. El entorno digital se ha asentado en nuestras vidas como un componente más y forma parte de nuestros días. Nos invade, nos sumerge en sus herramientas tecnológicas y olvidamos en gran parte los aspectos tradicionales que antes eran nuestra cotidianeidad.

Hablemos sobre las cenas familiares navideñas, ¿existe algo más tradicional que eso? Seguramente no. Todos los años llegan dos fechas señaladas en el calendario con color rojo: 24 y 31 de diciembre. Probablemente, si realizamos una encuesta a la sociedad preguntando con quién van a cenar esos días, muchas personas responderían que con familiares. Siempre hay excepciones, evidentemente, pero por norma general se aprovechan ambas festividades para disfrutar junto a nuestros seres queridos.

También es cierto que, por otra parte, esta tradición se está perdiendo. Pero no porque haya venido la digitalización a nuestras vidas, sino porque cada vez son más las personas que rehúyen de tener que compartir mesa con gente a la que solo ven una vez al año. Si para algo ha servido el Covid ha sido para evadirse de las comunes cenas familiares que para muchos suponían una obligación cada año.

Al igual que las famosas ‘comidas o cenas de empresa’, otra tradición que con la pandemia ha empezado a perderse, pero realmente ¿a alguien le importa que desaparezcan estos actos en los que te tocaba reunirte con todos los compañeros? En muchas ocasiones tan siquiera los conocías y en muchas otras habías cruzado dos palabras con ellos.

Por otra parte, otra de las tradiciones que teníamos era la de quedar con nuestros amigos para disfrutar de un rato hablando de la vida y contándonos nuestros problemas, así como las cosas positivas que te habían ocurrido en este tiempo. Sin embargo, ¿no tenéis la sensación de que incluso este acto se ha perdido? Podríamos decir que ahora en vez de tu amigo, es el dispositivo móvil quien se sienta a la mesa contigo, a acompañarte. Nos hemos acostumbrado a hablar a través de una pantalla, que no está nada mal y encima nos ha ayudado a comunicarnos en época de confinamiento, pero por esta vía estamos perdiendo de manera significativa el contacto físico.

Nos estamos acostumbrando a las relaciones impersonales. Ahora podemos conectar con cualquier persona cómodamente, desde el sofá de nuestra casa, a través del teléfono. Nos ahorramos tiempo, dinero y el tener que desplazarnos. También nos hemos vuelto impacientes, necesitamos que nos contesten al minuto. Piensa en la cantidad de veces que has enviado un mensaje y has mirado la pantalla cada segundo para ver si obtenías la respuesta. Esto antes no sucedía, ¿verdad? Porque lo normal era quedar con un amigo y darle la palabra de que estarías ahí. Ahora, nos pasamos la vida posponiendo planes, sin saber si llegará una pandemia mundial de nuevo y nos mantendrá en casa sin poder hacer todo aquello que habíamos prometido.

En el mundo del comercio ocurre lo mismo. Analizamos algunas tiendas como Amazon o Aliexpress, en gran parte digital, que han simplificado sus procesos de compra. Vemos los productos en fotos, pero no podemos tocarlos, sentir la calidad del mismo, probarlo, olerlo o mirar si el color es precisamente en el que estabas buscando. Hemos abandonado, en gran parte, el método tradicional de acudir al local y dejarte asesorar respecto al producto por una persona experta. La comodidad, la inmediatez y el hecho de comprar desde tu casa y que te lo entreguen en la puerta, hace que estemos perdiendo numerosas costumbres en lo que al método de compra se refiere.

En este gran mundo del retail cabe hacer una mención especial a Dimas Gimeno y Luis Lara con su libro Retail Reset. Hablamos de que cada vez nos acogemos más al método online para comprar y bien es cierto, como señalaba en un artículo que realicé respecto al Black Friday que, gran parte de la población, apostaba por esta vía para adquirir los productos. Sin embargo, estos autores vienen a desmitificar todas las afirmaciones que estamos presentando en la sociedad y dicen:

 “Una de las ideas clave es que no se producirá un apocalipsis del retail que algunos expertos pronostican, sino que habrá un ‘regreso al futuro’ y las tiendas físicas cobrarán mucha más importancia de la que han tenido en los últimos cien años y viviremos un nuevo nacimiento en muchos sectores de consumo y, especialmente, en retail”

Parece una contradicción, ¿verdad? Pero tiene mucho sentido lo que exponen ambos autores. Ellos también llegan a ese vínculo entre lo tradicional y lo digital: “Las tiendas físicas tienen mucho futuro como partes integrantes de una plataforma híbrida física y digital (Phygital), explican.

¿Por qué tienen tan claro que lo tradicional será parte del futuro? Dimas Gimeno y Luis Lara hacen hincapié en la idea de la que he hablado en numerosos artículos: en 2020 hubo un sprint digital que aceleró la brecha digital de muchas organizaciones. El problema vino dado porque muchas tiendas enfocaron la integración física y digital con la perspectiva equivocada.

En la actualidad, tenemos tantos datos del cliente que se pueden abrir comercios localizados con una oferta de producto adaptada a los deseos y necesidades de la comunidad. Observamos, de esta forma, la relación entre ambos mundos. Por una parte, contamos con esa recogida de datos que proviene del Big data y Small data y, por otra, abrimos la tienda física en el lugar donde hemos concretado, a través de dicha información, que es el punto clave para los clientes hacia los que nos dirigimos.

Ocurre lo mismo con los libros. Existe una bonita sensación cuando te compras el ejemplar que estabas esperando y puedes toquetear todas las páginas. El olor a libro nuevo, y la textura del mismo que dinamizan siempre la lectura, se va perdiendo cada vez más. Los E-Book han llegado para quedarse y son uno de los principales elegidos por la población a la hora de comenzar a leer el libro que tanto ansiabas. Pero, ¿realmente son capaces de transmitir las mismas emociones que el papel? Cuando leemos mediante lo digital, tenemos una sensación fría, insípida, no conectamos de la misma forma con el personaje, no nos adentramos en la historia, no nos imaginamos los lugares de la misma forma como cuando utilizamos el papel y vamos pasando las hojas sintiéndonos cada vez más parte de ella.

No solo vemos cambios en estos aspectos, sino que los propios hogares son cada vez más inteligentes. En 2020, el estudio de wearesocial, revelaba que había 134,1 millones de viviendas con al menos un dispositivo inteligente. Alguna de ellas son herramientas como Alexa que permite saber qué tiempo va a hacer, sin tener que ver la televisión; te dice qué día es hoy, sin tener que consultar el calendario en papel que hace años había en todas las cocinas o te hace la lista de la compra, sin que tengas que usar el papel y bolígrafo.

  • Pandemia y avances en digitalización

Analicemos también el gran boom que vivimos desde la pandemia en lo que a la digitalización respecta; en gran parte obligada porque así lo determinaban las indicaciones sanitarias. Desde que el Covid llegó, cada vez que acudimos a un establecimiento a comer tenemos que escanear un código QR y hemos abandonado por completo la carta tradicional, que incluso en muchos lugares ya no cuentan con ella.

Por otra parte, hace unas semanas saltaba la alarma de que los ‘prospectos en los medicamentos tienen los días contados’ o así lo afirmaban en los medios de comunicación. La industria farmacéutica planea que el folleto impreso desaparezca y que sea un código el que te dé toda la información que necesitas saber. En este tema existe un gran problema y es que los mayores usuarios de los fármacos son personas de edad avanzada que, en muchas ocasiones, no se manejan del todo bien con las nuevas tecnologías.

Si comenzamos a eliminar todos los folletos, cartas y papeles que, por una parte, bien es cierto que tienen aspectos positivos ya que ayudan a proteger el medio ambiente: ¿Qué hacemos con las personas que aún no se han adaptado a la transformación digital en la que nos encontramos? ¿Cómo podríamos en estos casos combinar la tradición con la digitalización?

Recientemente, publicaba un artículo en el que mencionaba la transformación en las tendencias de pago. En él citaba que algunos países estaban barajando la posibilidad de eliminar el dinero en efectivo debido a los avances tecnológicos que vivimos en los pagos, ¿realmente esto sería posible? ¿podríamos vivir en una sociedad en la que todo fuese mediante el pago con tarjeta o teléfono?

Si esto fuera así, ¿dónde estaría la línea entre la privacidad y la digitalización? Dado que, como todos sabemos, al usar los dispositivos tecnológicos estamos aportando miles de millones de datos tanto nuestros como de nuestro entorno y, en gran medida, hacemos que desaparezca nuestra intimidad.

Pensar que las nuevas tecnologías forman parte de nuestros días es una realidad. Podríamos poner dos preguntas a cada lado de una balanza para reflexionar sobre el impacto que la transformación digital tiene en nuestros días: ¿Cuántas personas ven la televisión en la actualidad? Y ¿cuántas optan por Internet para ver la televisión o los contenidos que quieren? Desde que apareció el término ‘a la carta’ son infinitos los ciudadanos que acuden a ello para ver los programas que más le interesen.

En 2020, un estudio publicado por wearesocial explicaba que dos tercios de los usuarios del mundo (entre 16 y 64 años) veían los contenidos televisivos por la red. Las plataformas digitales como Netflix o HBO también han ganado peso en la sociedad, convirtiéndose en los mayores aliados para pasar las tardes en casa.

  • Vínculo entre lo digital y tradicional

Todo esto no son más que los cambios en los que nos encontramos con el paso del tiempo y que seguirán avanzando hacia un futuro donde probablemente todo será completamente digital.

Por esta razón, podríamos hablar de que estamos perdiendo muchas tradiciones con la denominada ‘cultura digital’ que nos rodea. Esta se trata del cambio que está siendo generado por la tecnología e Internet, lo cual, en muy pocos años ha conseguido cambiar el mundo en el que vivimos y la manera de interactuar que tenemos. En una sociedad que permanece en crecimiento y transformación, la Cultura Digital emerge con novedosas prácticas sociales a las que debemos adaptarnos.

No significa que estos avances estén mal porque todos necesitamos de las nuevas tecnologías para progresar en todos los ámbitos. Además, no cabe duda de que nuestra vida es más fácil desde que aparecieron. Sin embargo, se podría hacer una reflexión sobre la convivencia entre el mundo offline y el digital. Un universo en el que ambos se complementen y donde no perdamos ninguno de los dos, porque son fundamentales en nuestros días.

No debemos olvidar que, pese a los grandes avances que la digitalización nos ha regalado, el método tradicional también ha tenido sus ventajas. Pensemos en cuando escribíamos en papel y utilizábamos el boli para borrar los errores que cometíamos. Ahora nos basta con pulsar una tecla y desaparece el fallo, sin dejar rastro, sin que nadie sepa que lo habíamos cometido. Ocurre lo mismo con las faltas de ortografía; en papel nos dábamos cuenta de las equivocaciones que teníamos y nos hacía aprender de ellas. Ahora el programa del ordenador o el dispositivo móvil nos corrige de manera automática de tal forma que ni nos damos cuenta del fallo que hemos cometido.

En definitiva y como he mencionado, no significa que estos avances tecnológicos estén mal; todo lo contrario. Simplemente podríamos pensar en que el ordenador nos serviría para trabajar de manera más fluida y rápida y el papel y boli para ordenar las ideas antes de comenzar. Y sería ahí donde encontramos la unión entre el mundo digital y el tradicional. Respetándose ambos y complementándose, pero nunca sustituyéndose.

 

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